¿Por qué siento lo que siento? Ataduras mentales

¿Por qué siento lo que siento? Ataduras mentales

Muchos de los conceptos que aprendemos de niños sirven para que puedan controlarnos, un burdo ejemplo sería el concepto de Santa Claus y cómo los papás logran que sus niños sean “buenos”. Sé que parece inofensivo, pero así es como empezamos a creer en mitos, o sea, en personajes y conceptos que son creíbles pero no demostrables.

 

Más tarde, cuando dejamos de ser niños, como ya “creemos”, es difícil darnos cuenta lo que hay detrás de los conceptos y la sutileza con que afectan nuestro comportamiento. Nos impide ver que precisamente en ellos radican nuestros sentimientos de culpa, miedo y vergüenza.  Para dar unos ejemplos hablemos de: “la decencia”, “lo que debe de ser” o de “la verdad”. ¿Podrías decirme por qué en cierto lugar del mundo usar faldas cortas es “muy indecente” y en otros lugares es la moda? ¿Podrías explicarme por qué lo que “debe de ser” cambia, no sólo de cultura en cultura… sino de familia en familia… y de persona en persona dentro de una misma cultura? ¿Por qué mi verdad no te gusta tanto como la tuya? En próximos artículos trataré de profundizar en este tema y darte algunas herramientas para que evites ser manipulado, además de sentirte culpable y angustiado por pensamientos generado en creencias que puedes cambiar.

 

Por lo pronto, trata de distinguir si los pensamientos contaminados de: intolerancia, de miedo a pecar, de homofobia, de verdades únicas, de odio, etc., están relacionados con lo que sientes o con lo que aprendiste. Estoy segura que tienes sentimientos que te gustan y otros que no te gustan. Para tener bienestar y acabar con el miedo, es indispensable, encontrar la raíz de lo que sientes. El miedo a que te rechacen, el temor a herir a quienes amas, el terror al infierno, a no ser buena hija o hijo, entre otros temores, es lo que generalmente impide que uses tu inteligencia y analices hasta tus propios argumentos… esos que nadie conoce, pero que causan tu interminable monólogo interno.

 

Pensar críticamente puede moverte el piso, sacarte de la zona de confort, que, curiosamente, muchas veces resulta incómoda. Es como sentir una piedra en el zapato que te molesta, pero no detienes el paso para revisar si puedes quitarla para seguir caminando sin dolor. A veces sigues con una o varias piedritas, que aunque te incomoden, aunque te lastimen… no te animas a hacer nada para quitarlas. Sigues como si tuvieras prisa por llegar y piensas que hacer una parada total para explorar qué es lo que te fastidia, lo que no te deja caminar ligeramente, te detendría por completo.

 

Asi es la vida. Vamos cargando con tanto que nos molesta, con tanto que no nos dejan vivir en paz. Sin embargo, no nos atrevemos a revisar QUÉ es, POR QUÉ nos afecta, CÓMO entró en nuestras vidas. Nos aferramos a la estructura de creencias y valores que adoptamos, aún a sabiendas de que algunos hacen daño. Para muchos resulta aterrador tratar de cambiar el sistema de creencias en el que basan su comportamiento, aunque ya hayan detectado que urge hacer algunos cambios. Para cambiar algo, es necesario racionalizar el miedo y enfrentarlo, por eso pienso que aprender a pensar críticamente es… la gran herramienta.

 

En mi caso, el proceso de atreverme, de arriesgarme, empezó en mi adolescencia, al enfrentarme con que mi orientación sexual era diferente a lo que se esperaba. Me estrellé de cara contra los valores que me habían inculcado y con los valores que, conscientemente, había ido adquiriendo. No me quedó otra opción más que pensar… pensar y pensar. Me di cuenta que dentro de mi mente no había censura alguna. Nadie podía saber lo que estaba pensando… y descubrí que pensar me hacía sentir libre. Desde entonces hasta hoy, busco espacio y tiempo para pensar sin distracciones. El resultado es conocerme a mí misma, y como continuamente aprendo y me doy permiso de cambiar y crecer, el proceso de conocerme no termina, es constante, al igual que mi gusto por pensar.

 

¿Por qué tanta gente piensa que la atracción y el amor que soy capaz de sentir por mujeres y hombres, es una enfermedad? ¿Por qué muchos aseguran que es pecado, anormal y contagioso? No encuentro otra respuesta que por ignorancia y por miedo.

 

Y mientras algunos se preocupaban por mí, yo me daba cuenta la magnífica oportunidad que me había tocado vivir, ya que para sentir que urge reestructurar tus creencias, primero tienes que enfrentarte con un evento que te sacuda personalmente hasta la médula. A la mayoría nos ocurren uno o varios eventos “sacudidores de conciencia” a lo largo de la vida, eventos que conflictúan y lastiman, pero que preferimos ignorar, como a la piedrita en el zapato… y así se pasa la gran oportunidad de revisar POR QUÉ sentimos lo que sentimos y de analizar si es necesario que cambiemos nuestra forma de pensar para sentirnos mejor.

 

Conozco muchas personas que viven con dolor, miedo y angustia, hasta que les llega el evento disparador del cambio. Como ejemplo puedo mencionar: el divorcio, la muerte de un ser querido, ser discriminado u hostigado, una enfermedad, violencia intrafamiliar, estar incapacitado, quedarte sin trabajo, el suicidio de algún conocido, entre muchos otros eventos. Hasta que no vives algo fuerte y lo consideras una oportunidad para hacer cambios, es difícil tocar fondo. Pero cuando enfrentas el miedo que provoca lo inesperado, tu valor personal aumenta ante tus propios ojos.

 

Yo he cambiado mi estructura de creencias varias veces. No obstante, llevo años en que siento que el amor es mi motivador esencial. El amor no controlador (que es la única forma en que lo entiendo), ese amor que no complica, con conceptos de propiedad y de egoísmo, a quienes amo. El amor por mí misma es la plataforma de mi crecimiento, entender que para poder dar tengo que tener (un amigo le llama egoísmo generoso). Ese amor que me motiva a aceptar, a poner atención… y me empuja a pensar qué puedo hacer para transformar mi mundo y el de los demás, en uno más amoroso.

 

Cuando por fin te des cuenta de que dentro de tu mente no hay censura, podrás enfrentar tus sentimientos y pensamientos en crudo, sin miedo y analizarlos. Cuando lo hagas, busca la fuerza y la humildad para aceptarlos, trata de definir de dónde vienen y ATREVETE a cambiar los que no te convienen. Al hacerlo, estarás preparando los cimientos de una nueva vida, una vida libre de todas las piedritas que no te dejaban caminar por tu vida sin dolor. Por fin te sentirás en paz y listo para expresar tu amor por la vida.

 

ATREVETE A SER!!

 

Adriana Reinking

 

Ataduras mentales

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