Renuncia al limbo emocional

Renuncia al limbo emocional

Sé que probablemente piensas… “Yo no uso máscaras, yo sí me muestro como soy”.  Lo siento mucho, pero lo dudo, ya que todos estamos acostumbrados a modificar conductas y apariencias dependiendo de lo que queremos lograr. Por eso nos transformamos de manera casi inconsciente, somos como el camaleón que se mimetiza con lo que lo rodea para no llamar la atención. Si por el contrario lo que queremos es que se fijen en nosotros, entonces nos vestimos llamativamente, nos tatuamos, nos perforamos el cuerpo o nos colgamos algún accesorio, entre otras costumbres, con tal de no pasar desapercibidos. Muchos quieren ser reconocidos, otros quieren pasar inadvertidos y que los dejen en paz.

 

En casa se usan muchas máscaras con la esperanza de evitar disgustar a nuestros seres queridos. ¿Quién no conoce a alguien que haya escondido algo a sus familiares? A veces se trata de cosas serias, como ocultar una enfermedad mortal y otras veces son tonterías. Como la mujer que se escondía del esposo y de sus hijos para poder fumar tranquila. Conocí un chico que decía que iba a la universidad, cuando iba a trabajar. Es muy común que la gente diga que va a un lugar cuando va a otro. Supe de una hija que ocultaba al novio que le habían prohibido tener… y de varias mamás, separadas o viudas, que ocultan un nuevo amor o sienten que tienen que pedir permiso a sus hijos para tener una nueva relación amorosa… aunque lleven con ella mucho tiempo.  Sé de personas que dicen tener un mejor puesto de trabajo del que realmente tienen y de las que se endeudan para aparentar tener más de lo que tienen.

 

¿Por qué nos disfrazamos ante las personas que se supone que nos aman? ¿Por qué es más fácil atrevernos a ser con un desconocido que con alguien que amamos? ¿Es el sentimiento de amor un obstáculo que nos impide demostrar lo que somos? ¿Acaso disimular, esconder, disfrazar o mentir nos produce la misma sensación que practicar un deporte extremo?  ¿Y qué puedes decirme de cuando te sientes atraído por alguien, acaso te muestras tal cual eres o prefieres ponerte la máscara de lo que intuyes que quiere ver en ti, con tal de ganar la conquista?  A quienes cometen ese error, es común escucharles decir, – “pero si ya no es la misma que cuando la conocí.”

 

Disfrazamos nuestro espíritu y le ponemos máscaras a nuestra alma por miedo al rechazo. (Defino espíritu y alma a ese baile de neuronas que hace que uno sea uno.) Quisiéramos gustarles a todas las personas con quienes interactuamos, pero es imposible. No somos monedita de oro. Con algunos tenemos mejor química que con otros. Con unos nos entendemos mejor que con otros. Eso es inevitable, pero lo que sí podemos aprender y practicar, es el respeto a la diversidad y a estar de acuerdo con el desacuerdo.

 

Nos da miedo dejar de ser amados. El desamor duele y hacemos cualquier cosa por evitarlo. Cuando te das cuenta que quien te amaba ya no te pone atención, sufres. ¿Pero qué pasa cuando entramos en ese trance en el que ya no lloramos por el amor perdido, pero todavía no podemos sentirnos felices, ya que el simple hecho de recordarlo nos enfrenta ante nuestra pérdida?

 

Ese proceso de ser y no ser, de tener y no tener, de sentir y no sentir, de sufrir y no sufrir, es a lo que yo llamo “limbo emocional”. Es ese estado en el cual ni te sientes feliz ni tampoco estás triste. Es cuando has dejado de pensar en ti como el eje de tu vida. Es una etapa en la que el corazón está en pausa, todavía afectado por la sorpresa del desamor, por el dolor y por sentir lástima y miedo de no ser amado por quienes te empeñas en que te amen.

 

Es muy raro que absolutamente NADIE te quiera… pero es muy humano pensar intensamente en lo que no tienes y dejar de poner atención a lo que si tienes. Hay quienes se estancan en el limbo emocional de por vida y hasta aprenden a vivir en ese estado de letargo que les impide experimentar la vida completamente y con conciencia.

No es fácil que te des cuenta de estar atrapado en el limbo emocional en que te has acostumbrado a sobrevivir. Una forma de salir del limbo, es desarrollar una conciencia especial para entender que el amor más importante es el que sientes por ti mismo; que si no eres quienes eres, que si te escondes detrás de una máscara o de otro “personaje”, el amor que tanto deseas nunca llegará a ti.

 

Otra alternativa es descubrir quién eres y ATREVERTE A SER. Decidirte, de una vez por todas, a vivir sin querer complacer a todo mundo. Retomar tu vida y salir del limbo emocional en el que los colores no brillan, en donde a nada le encuentras sabor. Regresar a lo básico y ser el centro de tu vida, entendiendo que si no alimentas tu espíritu, lo pules y perfeccionas, te quedas sin poder ofrecer nada a nadie.

 

Una herramienta adicional para salir del limbo emocional (además de atreverte a hacer cambios rotundos), es abrir los ojos a la belleza de lo cotidiano y dejarte sorprender por el brillo o la tristeza en la mirada de los que amas; embriagarte por la delicia de los sabores; maravillarte por el simple y preciso movimiento de tus dedos; quedar hechizado por lo que puedes ver, por lo curativos que son la risa y el llanto y así sorprenderte con todo lo que te rodea… la música, el poder de la palabra, la tecnología, la meditación, el vuelo del colibrí, los ojos de los insectos, la belleza del contraluz, la suavidad de las telas.

 

Ahora que menciono lo anterior, apenas lo piensas y ese es el problema de lo cotidiano. Lo habitual nos crea costumbre y la costumbre nos roba la capacidad de asombro. Para vivir intensamente, se requiere desarrollar una conciencia especial de que estás vivo, de tratar de entender lo que sientes y de vivir al día. Porque como bien decía el Dalai Lama: “Sólo hay dos días en que no se puede hacer nada… ayer y mañana”.

 

Tu estado emocional está matizado por los brochazos de diferentes colores que le dan tus sentimientos; tus sentimientos se ven afectados por tus pensamientos y lo que piensas está relacionado con lo que recuerdas y con lo que has aprendido. Un verdadero círculo, que si lo permitimos se hace vicioso, nos mantiene alejados del presente y atrapados en el limbo emocional.

 

Adriana Reinking

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