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¿Es el acuerdo de exclusividad una garantía para ser feliz?

Generalmente, el término fidelidad hace referencia al respeto mutuo entre los miembros de una pareja y en particular al cumplimiento del pacto, explícito o implícito, de exclusividad erótico-afectiva. En este contexto, ser fiel significa tener relaciones íntimas solamente con quien hayamos decidido hacer el compromiso de fidelidad y no ocultarle sentimiento alguno que surja por otra persona. Por lo tanto, se podría decir que “infidelidad” significa romper el pacto de relacionarse erótica y amorosamente en exclusiva con quien haces el acuerdo.

Estoy segura que la mayoría deseamos que nos sean fieles y tener la capacidad de serle fiel a nuestra pareja. Pero desgraciadamente, la fidelidad no es algo que por exigirse se obtiene. El que exige fidelidad es tan ingenuo como el que, estando enamorado, cree que de un día al otro puede olvidar ese enamoramiento. No niego que sea posible que el compromiso de querer ser fieles funcione, porque tal vez el deseo de hacerlo puede ayudar a mantener lejos las tentaciones, pero si con tan sólo desearlo pudiésemos ser fieles, el porcentaje de separaciones que existe actualmente debido a la infidelidad no sería tan alto. Al respecto me hago la siguiente pregunta: ¿es la exclusividad una garantía para ser feliz? ¡No! Por supuesto conozco relaciones fieles que son felices y muchas otras que no lo son, pero lo mismo pasa con las relaciones infieles, algunas son felices y otras no. Por eso sé que tener un compromiso de exclusividad no siempre resulta en una relación amorosa, ni en que la pareja sea más feliz. Además, hay que tomar en cuenta que en algún momento, el paso de los años, la rutina y la monotonía, entre otras cosas, hacen mella en casi todas las relaciones de mucho tiempo y entonces es más difícil mantenerse fiel. Muchos de los que dan rienda suelta al deseo, que puedo asegurar son bastantes, viven dentro del torbellino de la culpa y ésta no les permite vivir relajados ni demostrar tranquilamente amor a sus amores, lo que muchas veces puede ser la causa de que uno en la pareja deduzca, acertadamente, que ya no es amado en exclusiva y equivocadamente, que ya no le aman.

Para mí, el concepto de infidelidad/fidelidad no tiene relación con el sentimiento de amor. Conozco mucha gente fiel que es muy controladora y poco amorosa. Y por otro lado sé de muchos que siendo infieles muestran amor a quienes aman, aunque no lo hagan de forma exclusiva.

Con frecuencia y de manera sutil aprendemos a considerar como “nuestra propiedad” a la persona que amamos, sin pensar que al hacerlo ejercemos control, no por amor, sino por el miedo a que nos abandone. Si entendiéramos que ser fieles no es lo único que se necesita para que una pareja funcione en armonía, no le daríamos tanta importancia a la exclusividad. Si aceptáramos que es posible amar a la pareja y a un “amor extra” simultáneamente y que es algo que ha sucedido a lo largo de la historia, no habría razón moral para terminar una relación amorosa/amistosa, en el evento de dejar de ser amados en exclusiva. Si en nuestra cultura no se considerara inmoral amar simultáneamente (de forma diferente) a dos personas, a pesar de que la mayoría lo ha hecho, dentro y fuera del matrimonio, tal vez muchos lo pensarían dos veces antes de separarse de alguien a quien aún aman y así, algunas parejas seguirían juntas para demostrarse el amor que todavía los une. Adriana Reinking

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