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Libertad de pensamiento

Ser libre pensador tiene para mí un significado especial. Me refiere a una persona con pocos miedos, inquisitiva, curiosa y atrevida.

Es raro que NOS ENSEÑEN a pensar de VARIAS maneras respecto a una sola cuestión. Es más común que nos conformemos con lo que nos dicen, aunque no nos convenza del todo. Es poco usual que desde pequeños nos entrenen a dudar y a cuestionar las fuentes de donde vienen las respuestas, mismas que hoy en día se han multiplicado inmensamente gracias a Internet. M papá me enseñó que… “el papel lo aguanta todo”, refiriéndose a que, no por leer algo escrito en el periódico, en un libro o en Internet (versión digital del papel), significaba que fuera “verdad”. Me sirvió mucho aprender eso y aunque fue liberador, también se volvió complicado, ya que leía y escuchaba variadas opiniones respecto a una misma cosa. ¿Quién tiene la “razón”?¿Quién dice “la verdad”? Empecé a cuestionarme todo, incluyendo lo que me decían él, mi mamá, mis maestros y todos a quienes alguna vez consideré incuestionables fuentes de sabiduría y “verdad”. Sólo al dudar (sin miedo) empecé a sentirme libre, fue una libertad interna y personal, la cual no era evidente para los demás, porque todavía no estaba preparada para exteriorizar mis pensamientos. Por disciplina me entrené a dudar. Hacerlo es liberador y te recomiendo que lo practiques. Es más fácil empezar a cuestionar o a dejar de creer cuando has hecho algo que no se esperaba de ti, o cuando te encuentras pensando, haciendo o deseando algo que te enseñaron a considerar “malo” o “prohibido”, incorrecto. Empecé a respetar mis sentimientos y a dudar de lo que pensaba cuando me enfrenté a la experiencia de un enamoramiento homosexual en mi adolescencia, situación que muchos consideraban y siguen considerando “malo”. Han pasado muchos años desde entonces y sigo pensando que hice bien por haberme dejado llevar por un sentimiento generado por amor, en lugar de haberme limitado a lo que se esperaba de mí y dejado de aprender tanto. Sin embargo, muchos se alejan de lo prohibido sin dudar, sin permitirse entender lo que sienten y se alinean a los valores familiares y culturales; se dejan llevar por lo que su adoctrinamiento les advierte no hacer, pensar o decir… para así evitar problemas con sus seres queridos. Cabe que describa burdamente lo que, para mí, significan las palabras BIEN y MAL: ES MALO todo aquello que hagas o digas que pueda hacer daño (o tenga la intención de hacerlo) física o emocionalmente a ti o a otra persona. Lo contrario es BUENO. Fuera de eso “bien” y “mal”, simplemente son palabras abstractas que se usan para controlar. De ahí que me sea fácil intuir por qué tanta gente se encuentra limitada en su forma de pensar y por ende en su forma de vivir y entiendo por qué les cuesta tanto pensar fuera del cuadro. Vamos aprendiendo los límites conforme crecemos y heredamos los grandes miedos de quienes nos educan, lo que hace que nos quedemos dentro del cuadrito desde donde nos enseñaron a juzgar lo que hacemos y hacen los demás. El miedo es un sentimiento MUY PODEROSO que puede ser usado como un excelente medio para controlar tus acciones y por eso es conveniente ser cuidadosos y analizar detenidamente por qué sentimos miedo de esto o de aquello. En el mundo hay una enorme diversidad de “cuadros” que delimitan las muy distintas maneras de pensar. Desde mi punto de vista, ninguna está “bien” o “mal”, mientras no hagan algo que pueda hacerle daño, físico o emocional, a otras personas. Aprender a pensar libremente me ha ayudado a ser más tolerante, menos juiciosa y más respetuosa de los límites de pensamiento de los demás. Me ha dado las herramientas necesarias para liberarme de muchas anclas mentales que hoy me permiten volar alto y por consiguiente disfrutar mucho más de esto tan apasionante que llamamos vida.

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